Claudio do Nascimiento
Nací hace 31 años en una familia humilde del interior del estado brasileño de Ceará, en una ciudad llamada Acaraú, perteneciente a la diócesis de Sobral. Mi padre, Joâo, es agricultor ya jubilado y mi madre, Marina, es ama de casa, también jubilada. Somos en total 12 hermanos, de los cuales yo soy el menor.

Desde muy temprano tenía un gran deseo de estudiar y hacer una carrera universitaria; pero en el interior del país el estudio era muy precario. Entonces hablé con mi padre y le pedí que me dejara ir a residir en Fortaleza con algunos de mis hermanos, para así poder estudiar. En cuanto tuve su permiso me fui rápidamente. Y con mucha dificultad, incluso financiera, comencé los estudios primarios.

Tres años después mi hermana me inscribió en el catecismo, para que yo pudiera hacer mi primera comunión. Y empecé a participar de los encuentros de catequesis, que fueron momentos muy buenos en mi vida. Pues fue en uno de esos encuentros, cuyo tema era el sacerdocio, donde, con la explicación de la catequista, sentí la llamada de Dios al sacerdocio. Para mí, personalmente, ese fue el momento que mayor huella ha dejado en mi vida, pues he sentido que, después de ese encuentro, Dios me llamaba a cada instante de mi vida. Y con eso fui discerniendo mejor al participar de los encuentros vocacionales.

En el año 1999 ingresé en el seminario diocesano, donde comencé a estudiar la filosofía. Esto me ayudó a madurar como persona y a discernir y conocer la espiritualidad sacerdotal. Pero, durante ese tiempo, sentí que me faltaba algo. Exactamente no sabía qué era.

En el 2001 conocí a un seminarista agustino recoleto de nombre Francisco (Zeca) y, charlando con él acerca de mi inquietud vocacional y de mis búsquedas, fue cuando él me habló un poquito del carisma de los Agustinos Recoletos. Este encuentro aumentó en mí las ganas de saber más, pues sentía que estaba identificándome con ese carisma. Todo se fue concretando más todavía cuando en el seminario diocesano estábamos en un retiro y, por la gracia de Dios, me encontré allí con un padre agustino recoleto, que se llama fray José Luis Villanueva. Y fue con él con quien más concretamente hablé de mi búsqueda y él me invitó a conocer el seminario San Agustín situado en Fortaleza, Brasil, para hablar allí con el padre Horacio, encargado de la formación del seminario agustino.

Hablé entonces con mi formador diocesano, P. José Mario sobre mi inquietud de conocer más de cerca los Agustinos Recoletos. Le pareció bien que siguiera entrevistándome con el padre Horacio Navarro, mexicano. En julio de 2002 éste me invitó a hacer una experiencia en el seminario San Agustín y a profundizar más en el carisma agustino recoleto. Y aquí estoy, en el noviciado que los agustinos recoletos tienen en Monteagudo (Navarra) donde cada día me voy identificado más con nuestro padre San Agustín.

Monteagudo, diciembre de 2003




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