Arturo Guzmán García: “La escucha nos permite tener un encuentro de corazón a corazón, permite que la confianza fluya”
Arturo Guzmán García: “La escucha nos permite tener un encuentro de corazón a corazón, permite que la confianza fluya” Arturo, de novicio en Monteagudo
El quinto hijo de una familia numerosa mexicana de seis hermanos, Arturo, nació en El Cañón, Xilitla, en el estado mexicano San Luis Potosí en 1994. El Cañón es un pueblo pequeñito, de unos 750 habitantes, pero de una gran belleza natural por las lluvias abundantes que caen y generan una exuberante vegetación. Actualmente es un novicio agustino recoleto, que está formándose en Monteagudo (Navarra). Con él mantenemos el siguiente diálogo.



Arturo, ¿cuáles han sido tus pasos en el ámbito académico y formativo antes de venir a España y recalar en el noviciado de Monteagudo?

Los estudios de primaria los hice en El Cañón. La secundaría y el primer año del bachillerato los cursé en Xilitla. Los dos años posteriores, que corresponden a esta etapa de los estudios básicos en México, los cursé en la ciudad de Querétaro, en el colegio Fray Luis de León, que los religiosos agustinos recoletos tienen en esa ciudad, y residiendo en el seminario San Pío X de la ciudad queretana, ahora ya como aspirante agustino recoleto. Cuando cumplí los 18 años y terminados los estudios de la Preparatoria, pasé a formar parte de la comunidad del postulantado San Agustín, en la ciudad de México, donde realicé los estudios de filosofía.


Tomar la decisión de venirse a España a un noviciado debe de ser algo “serio”, y quiero pensar que a un joven le cueste tomar una decisión así si no median unos fuertes ideales religiosos. ¿Cuál es tu experiencia religiosa de los primeros años?

Desde que tengo conciencia, es decir, desde muy pequeño, mis padres han sido muy cercanos a la Iglesia. Recuerdo que mi padre solía levantarnos los domingos para llevarnos con él a misa. Y, como dato curioso, dado que los domingos no se asiste a la escuela, mis hermanos y yo nos proponíamos aprovechar el tiempo para dormir más. Pero llegaba mi padre y nos decía “es hora de ir a misa”, y con el ruido de su voz ya nadie podía dormir. Entonces no quedaba otra que levantarnos para asistir a la celebración y dejar el sueño para otro momento.

También me acuerdo que cuando era pequeño me gustaba jugar mucho a las “maquinitas” (video juegos o video consola), y compartir con mis compañeros, en especial con un primo que aprecio mucho. Ambos crecimos en un ambiente similar y ello nos hacía ser muy cercano el uno al otro. Por cierto, los dos éramos deportistas de hueso colorado: nos gustaba mucho practicar el fútbol y creo que a veces exagerábamos un poco, pues llegamos a tener problemas con el sacerdote de mi parroquia debido a que nos gustaba más el futbol que escucharlo predicar. Claro, al sacerdote le disgustaba un poco porque éramos monaguillos de la parroquia y a veces lo dejábamos plantado.

Conforme pasaron los años me mantuve vinculado a la parroquia siendo monaguillo y participando en el grupo de monaguillos. Si no recuerdo mal, pertenecí al grupo cerca de seis años. Con este grupo íbamos a varios encuentros. Así fui conociendo a más niños y adolescentes; el ambiente era muy agradable. Y además del apoyo de la formación cristiana a través del grupo de monaguillos, mis padres siempre estuvieron al pendiente de mí y me apoyaban en todo.

Tras haber participado un par de veces en convivencias en esa casa de formación, me gustó mucho el lugar y el ambiente, y me decidí a entrar.Cuando tenía 16 años decidí entrar al aspirantado San Pío X, una casa de formación que los Agustinos Recoletos tienen en la ciudad de Querétaro, México. Llegué a tener noticia de este lugar gracias a las religiosas agustinas recoletas de un convento de clausura ubicado en Ahuacatlán, Xilitla, San Luis Potosí, México –Ahuacatlán es un pueblo que está relativamente cerca de donde nací–. Y sucedió que un día el párroco de mi pueblo tenía que celebrar una misa en ese convento y le acompañamos algunos monaguillos, entre ellos, yo. Allí una de las religiosas me habló de los Agustinos Recoletos y ella misma me invitó a una convivencia a la ciudad de Querétaro. Después de comentarlo con mis padres fui a la convivencia. Tras haber participado un par de veces en convivencias en esa casa de formación, me gustó mucho el lugar y el ambiente, y me decidí a entrar.


¿Te resultó fácil adaptarte a un ritmo de vida muy reglamentado y lejos de tu familia y amigos?

Al principio mi estancia en el aspirantado fue difícil porque echaba mucho de menos a mi familia, los amigos, mi casa, el ambiente que había dejado… Pero luego poco a poco me fui adaptando hasta meterme de lleno en el ritmo propio del aspirantado. En esta etapa disfruté mucho escuchar a los frailes que venían de distintas partes, sobre todo cuando nos contaban sus experiencias en su misión; quedábamos admirados de su entrega a las personas pobres en las distintas obras sociales que llevaban adelante en otros ministerios del país.


Llegó el momento de dejar Querétaro y, como algo normal, animado por lo que escuchabas a los frailes sobre su labor social entre los pobres, proseguiste con tu idea de continuar formándote para ser uno de ellos, lo que significaba ir a México a estudiar la filosofía.

Paulatinamente me fui dando cuenta cómo el Señor caminaba conmigo a mi lado
Así fue. Tuve que ir al postulantado San Agustín en la Ciudad de México y emprender los estudios filosóficos; allí viví por tres años. Esta época fue un tiempo de encuentro con el Maestro interior, Jesucristo. Paulatinamente me fui dando cuenta cómo el Señor caminaba conmigo a mi lado, me acompañaba, me ayudaba, me formaba. A través de los formadores, y gracias a ellos, entendí la importancia de dejarse formar hasta llegar a tener los mismos sentimientos de Cristo.

Puedo decir que en esta etapa Jesucristo me hizo cobrar conciencia de su presencia a lo largo de mi vida, que me ama como soy, aunque a veces no lo comprenda, y que siempre me va a amar porque él es amor. Comprendí que continuar formándome consistía básicamente el andar en el camino de la fe, intentando responder a su amor, pues Jesucristo llama al amor; responder a la vocación es siempre responder a esa llamada de amor.


Antes de venir al noviciado, ¿tuviste la oportunidad de dedicarte a alguna actividad pastoral o de voluntariado?

Mientras realicé el postulantado viví una experiencia de apostolado dando catequesis a niños de una parroquia en la ciudad de México. Todos los viernes teníamos la catequesis con niños de entre 11 y 13 años. Estar con aquellos niños era para mí todo un reto porque eran muy curiosos y hacían muchas preguntas. A veces decían muchas cosas sin pensarlas demasiado y me metían en más de un apuro. Eso sí, siempre me esforcé para hacerles entender lo mejor que podía aspectos elementales de la vida cristiana.

Algunas veces les poníamos actividades con dinámicas de acuerdo a su edad. Me gustó mucho compartir con ellos ya que aprendí cosas nuevas, por ejemplo a tener paciencia y a comprenderlos dada la etapa que estaban viviendo. Compartiendo con aquellos niños en catequesis siempre me contagiaban alegría, y recuerdo que regresaba al postulantado muy animado y contento de haber pasado un rato con ellos.


¿Desde cuándo y por qué la vida consagrada como tu forma personal de vida?

Hoy me doy cuenta que el Señor nos transforma desde lo profundo del corazón.Tenía 16 años cuando ingresé al aspirantado; para ser exactos el 1 de agosto del 2010. En aquel año de mi vida germinó en mí una inquietud y recuerdo que dije: “Si entro al aspirantado no pierdo nada y, si gano, realmente gano mucho”. Hoy me doy cuenta que el Señor nos transforma desde lo profundo del corazón. Cuando me enteré un poco de lo que iba realmente esto de la vida religiosa, vi sin duda en ella una opción de vida plena, una manera de ser feliz siguiendo a Cristo.


Bien, vida consagrada, pero ¿por qué como agustino recoleto?

Pero, ¿por qué agustino recoleto? Porque el primer contacto que tuve con la vida religiosa fue con los agustinos recoletos, incluso gracias al apoyo del sacerdote de mi parroquia que es diocesana. La verdad es que Dios se convierte en nuestro guía y parece que pone a las personas indicadas en el lugar indicado; solo hay que prestar un poco de atención para reconocerle.


A pesar de la seguridad con que pareces sentirte, no habrán faltado dificultades en este camino vocacional, lo cual me lleva a pensar que también los logros han sido mayores, pues de otro modo no estarías en el noviciado.

Mi proceso vocacional creo que ha sido muy intenso y no han faltado las dudasMi proceso vocacional creo que ha sido muy intenso y no han faltado las dudas, pero la verdad es que he disfrutado mucho; siempre me he sentido acompañado y me han dado muchas herramientas para poder caminar durante todo este trayecto. Cierto, al principio da miedo, pero conforme cobras conciencia de que es algo que te ayuda a crecer, los miedos se van yendo poco a poco. Con esto no digo que ya no tenga miedo, sino que paulatinamente se va aprendiendo a trabajarlos. Algo que me ha ayudado mucho es conocerme y reconocer la presencia de Dios en mi historia, en mi persona y en las personas con que comparto este caminar. La relación con mi familia ha mejorado mucho, y con mis padres he aprendido a disfrutarlos como nunca, sobre todo cuando estoy con ellos.


¿Has tenido que superar resistencias u oposiciones en este caminar sea por el ambiente, las amistades, la familia…? ¿Merece la pena?

En el camino hay muchas dificultades; y sí, conforme pasa el tiempo las veo más claramente. Pero siempre la Palabra del Dios da fuerza y anima y, como al profeta Elías o a Lázaro, hoy Jesús me sigue diciendo “levántate; vamos, que aún falta mucho”. Cada uno hace un recorrido, pero ese camino solo vale la pena si se hace con Jesús, ya que es él quien le da sentido.


¿Qué aficiones cultivas en tus ratos libres?

Aquí en el noviciado, en la etapa de la formación en que me encuentro actualmente, suele haber tiempo de habitación, tiempo para aprender a estar con uno mismo, tiempo de soledad habitada (sentirse acompañado del Señor). Algunos momentos los utilizo para leer; si el libro me interesa, lo leo con agrado, pero si me aburre, a veces tengo que luchar con el sueño. Otras veces lo dedico a escuchar música instrumental. También el deporte es algo con que disfruto mucho. Los domingos me gusta salir y hacer otras cosas que normalmente hacemos en el noviciado. Estos momentos me vienen muy bien, ya que me dejo sorprender por la belleza natural que nuestro Dios nos regala a través del paisaje y las diferentes estaciones del año.


¿Qué valoras más en una persona y por qué?

cuando realmente sabemos escuchar desde el corazón, pues no se juzga, no hay prejuiciosLa persona en sí misma tiene un valor único, pero si me tuviera que quedar con algo me quedaría con la escucha, porque cuando realmente sabemos escuchar desde el corazón, pues no se juzga, no hay prejuicios y se comprende mejor la vida del otro, su realidad, su historia, su ambiente. En cambio, cuando no escuchamos, nunca se entiende y, por tanto, nunca se comprende. La escucha nos permite tener un encuentro de corazón a corazón, permite que la confianza fluya. Cuando realmente me siento escuchado, soy capaz de abrirme con sinceridad al otro, no me da miedo, me muestro tal cual soy.




¿Y tú que opinas?