Hermana Hermila: “Seguir a Cristo, toda una aventura”
Hermana Hermila: “Seguir a Cristo, toda una aventura” Hermana Hermila
Hermila, la tercera de cinco hermanos, cuenta su proceso vocacional, una respuesta que va cambiando conforme va madurando hasta poder afirmar: “Él -Jesús- me ha colmado de la abundancia de sus dones y me inunda con la gratuidad de su amor. No soy la mejor de las hijas, mas estoy segura que tengo el mejor de los padres, el Padre misericordioso, por ello me considero hija de la misericordia de mi Dios y Señor. Me sedujiste y me deje seducir”



Hola, soy la hermana Hermila Sánchez Piña y nací en Celaya, del Estado de Guanajuato, México. De cinco hermanos fui la más inquieta, la que siempre tenía algo que decir, la que siempre hacía reír a los demás. Crecí en un hogar cálido, religioso. Me gustaba rezar; lo que me aburría mucho eran las largas misas.


A los 6 años de edad visité por primera vez a las hermanas de este convento de Cuernavaca en que vivo, pues me trajo una señora que venía a ver a una hija suya monja. Entonces no sabía lo que me atraía de este lugar, solo que me sentía como en mi casa. Aquí fue donde comenzó mi aventura. Yo quería quedarme, pero era muy pequeña.

Mi corazón latía a mil por segundo; no comprendía qué me pasaba A los 14 años de edad nuevamente las visité invitada por la misma señora, Eufemia. Mi corazón latía a mil por segundo; no comprendía qué me pasaba. Eran las vacaciones de verano y solo venía por ocho días, pero había alguien que aún no conocía que me invadía con suavidad y me llenaba de felicidad, y me quedé mes y medio, hasta que vinieron por mí y me mandaron a terminar la secundaria.

Los dos primeros meses de clases fueron para mí vacíos y sin sentido. Cuando llevaba medio año del ciclo escolar conocí a un chavo, que me atraía sin más. Al mismo tiempo volvió a asaltarme la idea de regresarme al convento, pero yo luchaba contra mí misma ya que me decía: “Piensa, ellas visten muy largo”; y claro, a mí me gustaba vestir short o minifalda. No me gustaba ir a misa.


Por naturaleza soy aventurera Por naturaleza soy aventurera, por lo que el encierro, la clausura, la sentía como un fuerte obstáculo. Entonces decidí seguir mi deseo: "ser doctora" y salvar vidas y cuidar a mis papás en su ancianidad y hacer a un lado el llamado.

Sin embargo mi Señor era el que tiraba por mí, salió a mi encuentro. Lo recuerdo muy bien como si fuera ayer: era domingo; llegó una señora y le pidió a mamá le prestara una de las niñas para que la acompañara a visitar a su hija monja. Mamá entró a la habitación y nos dijo: “¿Quién quiere acompañar a la señora?” Yo inmediatamente contesté: “Yo… ni loca, mami”. Ella no dijo nada, y siguió con su trabajo.

"Jesús, tú ocúpate de mis cosas; yo me ocuparé de las tuyas". En mi interior se trabó una batalla. Corrí sin mirar atrás y, sin decir nada, solo vacié la mochila, puse los libros sobre la cama y busqué lo que me podría servir en el convento. Mientras tanto mi hermanita lloraba y me reclamaba. Recuerdo que me dijo: "Tú ya nunca vas a regresar", y continuó llorando. No la vi, solo la escuchaba. Yo nada decía. Corrí hacía el camión que nos llevaría a Querétaro y de allí a Cuernavaca, al monasterio de Nuestra Señora del Buen Consejo. No miré hacia atrás, pero cuando me di cuenta que iba fuera de mi pueblo se me hizo un nudo en la garganta y le dije a Jesús una oración que había aprendido de aspirante un año antes: "Jesús, tú ocúpate de mis cosas; yo me ocuparé de las tuyas".

Él me dijo que me enamorara todos los días de lo que elegía Ha sido toda una aventura. A los 6 meses me visitó papá, me preguntó si realmente quería quedarme, ya que mis padres pensaban que en menos de un año estaría en casa por mi forma de ser. Le dije que sí. Recuerdo que lloré mucho. Él me dijo que me enamorara todos los días de lo que elegía. Entonces no comprendía nada, y desde ese día sigo esta aventura al lado de mi Señor. Por todo ello agradezco a mi Señor el don de la vocación y su amor que me inunda sin medida a pesar de mis debilidades.

Me considero hija de la misericordia de mi Dios y Señor Mi formación ha trascurrido a veces siendo muy clara y otras tantas oscura, pero con la certeza que Él es el que llevará a buen término lo que en mí ha comenzado. Él me ama y, aunque Él lo puede todo, prefiere contar conmigo. Él me ha colmado de la abundancia de sus dones y me inunda con la gratuidad de su amor. No soy la mejor de las hijas, mas estoy segura que tengo el mejor de los padres, el Padre misericordioso, por ello me considero hija de la misericordia de mi Dios y Señor. Me sedujiste y me deje seducir.

Y tú, joven, que buscas un motivo en tu vida, te has preguntado: ¿Cristo me estará llamando y lo evado con cosas pasajeras? Cristo no solo elige a los perfectos, a los buenos y santos sino a los que Él quiere. ¿Será posible que Cristo te esté llamando? No tengas miedo a seguir esta aventura; él te lleva, te sostiene y te regala toda clase de dones para corresponder a este llamado.

¿Te arriesgas a vivir esta aventura?




¿Y tú que opinas?