Carmen de Lourdes Laraque Espinosa: “Desde el Padre y hacia el Padre por las huellas de Agustín”
Carmen de Lourdes Laraque Espinosa: “Desde el Padre y hacia el Padre por las huellas de Agustín” Familia actual de Lourdes
Lourdes Laraque se presenta a sí misma como agustina recoleta seglar perteneciente a la Fraternidad de la parroquia de Jesucristo Crucificado de la Colonia Avante –en México ciudad–, desde 2007. Cursó todos los estudios básicos en el colegio teresiano La Florida y se licencia y doctora en Sociología. Es maestra en Comunicación Periodística. Ha ejercido la docencia a nivel superior en áreas de Ciencias Sociales de diversas universidades del país. Viajera e inquieta, ha participado en congresos y encuentros en varios rincones del mundo. “Mi compañero de vida ha partido ya a la casa del Padre. Mi familia actualmente la conforman un hijo y una hija, la nuera y una nieta de dos años, alegría de mi hogar y de mi vida”.



A Lourdes le pedimos que cuente su propia historia y comenta espontáneamente:

Cuando ya en el otoño de la vida reflexiono sobre la travesía que he recorrido desde y hacia el Padre, me doy cuenta cómo el bautismo me hizo partícipe del amor divino y me asignó un lugar en la historia de la salvación, un pequeñísimo grano de arena en la realización del plan de Dios.


Si no te importa, Lourdes, sigamos un orden. ¿Qué recuerdos guardas de tu infancia y niñez?

Aunque raro para la época, fui hija única, lo cual implicó una temprana inmersión en el mundo de los adultos y en ocasiones procesando mal el no tener hermanos. En algunos casos recuerdo que sentía que alguien me lo increpaba como si hubiera sido mi culpa. Primos hermanos, vecinos y amigos sí que tuve por lo que el fantasma de la soledad se disipaba con frecuencia. Las influencias más fuertes fueron la de mi madre y abuela materna, dado que la presencia de mi padre, extranjero y en cargos diplomáticos, fue mucho más difusa.


Llegó la edad de emprender estudios y comenzar a tomar decisiones en la adolescencia-juventud. ¿Cómo viviste esta etapa apasionante?

El proceso de socialización y de endoculturación, sin resistencia o salida posible, corrió a cargo de las teresianas. Llegué con 6 añitos al colegio La Florida y ahí permanecí hasta concluir el bachillerato. La exigencia materna de no abandonar el cuadro de honor fue una presión constante a lo largo de toda mi formación. Disciplina, trabajo arduo, recompensas y castigos fueron acompañantes permanentes a lo largo de doce años. Hoy en día los he podido revalorar como insumo valioso en el terreno laboral y profesional, pero no así el haber desarrollado poca o nula capacidad para sostener y defender mis ideas y planteamientos, habilidad que tuve que desarrollar por mis propios medios para sobrevivir en el ambiente universitario, en los debates propios de la formación en ciencias político-sociales.


¿Cuál era el ambiente religioso familiar antes de independizarte de tu familia?

De mi madre y abuela bebí las primeras lecciones de oración y de fe,De mi madre y abuela bebí las primeras lecciones de oración y de fe, en total armonía con el ambiente religioso escolar. Eso sí, tuve que aprender a rezar simultáneamente en castellano y francés. Aún recuerdo: Notre pére qui est au ciel…. como si no hubiesen pasado tantos años. Tengo remembranzas del rosario en familia, de que la habitación de mi abuela tenía un oratorio, y también de haber roto de un pelotazo una imagen de la Virgen del Carmen, que tuve que reponer con mis escasos ahorros.


¿Mantuviste la sensibilidad religiosa durante los estudios universitarios que realizaste de joven?

Era agradable ese ambiente de laicidad sin normas estrictas que delineaban libertad y que estaba salpicado de ideas críticas con las que cambiaríamos el mundo.No fue la adolescencia en sí lo que me llevó al habitual cuestionamiento de normas y principios, fue la entrada a la universidad a los 18 años. De pronto vislumbré que existían otras perspectivas sobre la vida, sobre las relaciones humanas, sobre la relación de pareja e incluso sobre personajes y episodios de la historia. Estas nuevas visiones y enfoques me sedujeron con rapidez. Era agradable ese ambiente de laicidad sin normas estrictas que delineaban libertad y que estaba salpicado de ideas críticas con las que cambiaríamos el mundo. Quedé atrapada, tal vez sin saberlo.

En una suerte de adolescencia tardía las normas y los hábitos inculcados desde el hogar y por las religiosas se desvanecieron. Pero nunca mi creencia en Dios. Claro, ahora entiendo que es una posición cómoda crear un Dios a la medida que da confianza pero no impone obligaciones.

Ahí fue cuando me di cuenta que en el fondo Dios vivía en mi corazón aunque yo tratara de apagar ese sentimiento de pertenencia al Padre.A los 21 años tuve la oportunidad de pasar tres meses en un campamento de Girl Scouts en California, donde viví una experiencia interesante de corte ecuménico. Debido a lo alejado que estaba el campo con respecto a cualquier población era imposible asistir a servicios religiosos. Las instrucciones para las primeras semanas fueron reunirse por credo religioso y procurar hacer una lectura, una reflexión, una oración. Pero un poco después esto dio paso a lo que se llama un “momento Guía”, Scout’s own en inglés. Todas juntas, cada una con su idea de lo divino, participábamos en una ceremonia nocturna muy emotiva en comunión con la naturaleza; guiadas por veladoras que delineaban los senderos, caminábamos, entonábamos cantos y escuchábamos pensamientos sobre el amor, la convivencia, el servicio; experimentamos profundas vivencias sobre el Ser Superior. Ahí fue cuando me di cuenta que en el fondo Dios vivía en mi corazón aunque yo tratara de apagar ese sentimiento de pertenencia al Padre. ¡Qué fabuloso saber que mi hermana Guía judía, protestante de cualquier denominación, mormona o musulmana, también estaba experimentando algo tan bello! Los lazos de amistad ahí surgidos perduraron por largo tiempo.


Llegó el momento de enrolarte en el mundo profesional, después de unos estudios universitarios de Sociología, que no parecen los más adecuados para conseguir un trabajo estable y bien remunerado. ¿Qué compensaciones, con qué dificultades tuviste que lidiar?

Hace cuarenta años y aún hoy es difícil explicar qué es la Sociología y para qué sirve. No obstante, la mano de Dios se ha visto palpable en mi vida laboral, al grado que no he sabido lo que es la falta de trabajo desde el inicio y hasta el sol de hoy. Cuando una puerta se empezaba a cerrar, varias ventanas se abrían prometedoras e incluso simultáneas. Se abrieron oportunidades en el sector público, en los proyectos sobre vivienda y población. Fui beneficiaria de una beca de JICA en Tokio, en donde además de contenidos demográficos, aprendí de la experiencia de vivir en otra cultura que tanto ofrece en rigor y disciplina sin perder la calidez. Y sin pretenderlo encontré mi nicho definitivo en la academia, en las universidades. A la par que la docencia ininterrumpida durante 30 años con la gama más variada de vivencias, ascendí a puestos académico-administrativos de jerarquía, pero siempre sentí la presencia y los dones del Espíritu Santo, compañeros invaluables en las decisiones complicadas, en los momentos cuesta arriba, siempre que el sentido de justicia parecía ser amenazado.


Como esposa-madre, ¿Qué supuso este cambio en la vida personal, humana y religiosamente hablando?

Jorge, mi compañero de vida, fue un hombre maravilloso. Aunque tuvo que vencer una formación muy tradicionalista respecto a los roles varón mujer, fue tolerante a que yo continuara con estudios de posgrado y actividad laboral. Ello y la incidicional ayuda de mi madre implicó que nunca tuviera que quedar atrapada en las tareas domésticas.

En mí sí se operó un cambio cuando supe que Paola vendría al mundo; “regresar” a mis antiguas prácticas religiosas fue casi automático.Ahora lamento que uno no impulsara al otro a acercarnos más a la Iglesia. Su hermana Eugenia lo intentó con llevarnos al Movimiento Familiar Cristiano, pero el esfuerzo no fructificó. Fuimos una pareja creyente pero no practicante en la vida cotidiana. Pero al menos en mí sí se operó un cambio cuando supe que Paola vendría al mundo; “regresar” a mis antiguas prácticas religiosas fue casi automático. Pero la verdadera conversión la viví precisamente en el templo al que ahora acudo, cuando fui invitada a subir al presibiterio para el canto del Padre Nuestro. Algo muy fuerte operó el Señor dentro de mí… ¡Cómo lloré durante y después de la oración, en una especie de rebautismo y de catarsis!… Y ¿cómo no iba a hacerlo, al saber que me llamaba de regreso a sus brazos amorosos mi Señor, mi Rey mi Dios, mi Padre? Y desde entonces se inició la labor de reconstrucción, todavía muy imperfecta, que poco a poco El ha logrado en mí.


¿Cuándo y por qué te sentiste especialmente llamada a vivir la fe “en serio”?

Ya he dicho que, a pesar de todos mis desvaríos, nunca dejé de sentirme hija de Dios, pero si me alejé de la vida sacramental y dejé de participar en el advenimiento de su Reino tocando puertas que no me llevaron a ningún destino feliz. Parecía más atractiva la ruta hacia Babilonia que hacia Jerusalén. No obstante tiempo después, al igual que ocurrió a san Agustín, la oración de mi madre fue escuchada y el Padre misericordioso me hizo comprender la dimensión de su amor. El don de la maternidad significó un fuerte tirón de regreso al amor del Padre que me movió a buscarlo de nuevo y a pedirle que me volviera a construir. Y lo hizo.

Pero el Señor que me ama tanto me guardaba todavía un don más, sin pedirlo y desde luego sin merecerlo; en un diálogo amoroso me llamó y me atrajo al carisma agustinianoPero el Señor que me ama tanto me guardaba todavía un don más, sin pedirlo y desde luego sin merecerlo; en un diálogo amoroso me llamó y me atrajo al carisma agustiniano. Así pude conocer de cerca la vida y parte de la obra del santo más humano y el más humano de los santos; junto con ello a los santos de la Orden y, por supuesto, los testimonios vivos de la vida recoleta, mis hermanos frailes que con entrega me han formado en la riqueza doctrinal de nuestra Orden.

El 22 de octubre de 2009 realicé mis promesas como agustina recoleta seglar, comprometiéndome, con la gracia del Espíritu Santo y la protección de la Virgen María a tender a la perfección de la vida cristiana según la Regla de Vida de los Agustinos Recoletos Seglares y el espíritu de la Regla de san Agustín.


¿Qué ha aportado a tu vida cristiana el ser agustina recoleta seglar, la espiritualidad agustiniana?

Desde luego el haberme hecho consciente de mi ser peregrino, que de Dios soy, de Dios vengo y a Dios voy.Desde luego el haberme hecho consciente de mi ser peregrino, que de Dios soy, de Dios vengo y a Dios voy, de la mano del Hijo y con la luz que irradia el Espíritu vivificador y santificador. Que la oración es un encuentro íntimo con el Creador, que en la lectura de la Palabra, muchas veces a través del tolle lege (toma y lee), Él me habla, y cuando oro yo le respondo; que, por complicada que haya sido la jornada, ese espacio de diálogo con el Dios todo cariñoso es un bálsamo sanador. Es el pan para el camino que me hace más amable el peregrinar.

He aprendido a buscar y seguir el camino a la interioridad, el voltear hacia lo más íntimo de mí para encontrar la verdad y para trascender hacia los demás a través del amor, la solidaridad y el servicio. He revisado el ordo amoris para poner en la debida perspectiva afectos y apegos, mis realidades cotidianas, consciente de que la vida personal, familiar y profesional es asimismo importante porque es una vida en Cristo.


Llevas ya una larga etapa como seglar agustina recoleta. ¿Cuál es tu experiencia como miembro de una fraternidad?

Caminar durante ya casi diez años en la senda recoleta junto a los fraternos me ha hecho descubrir y enfrentar un amplio espectro de emociones y vivencias, y también de retos; entre los más significativos el constatar el espíritu de perseverancia y de servicio que mueve a los hermanos a pesar de la edad avanzada de muchos; ver cómo se asumen como trabajadores de la viña conformando un crisol de voluntades que se dirigen al mismo fin: Cristo. El entender que, como en toda colectividad humana, hay tensiones, pero que pueden resolverse con la corrección fraterna. Y el desafío de reconocer algún talento propio y ponerlo al servicio de los demás sin cruzar la peligrosa línea de la soberbia.

Vivo, atesoro y disfruto la dulzura y la delicia de convivir unida a mis hermanos, lo gozoso que puede ser el peregrinaje compartiendo el Amor de Dios, del Dios que amó primero y que nos hace comunidad, y que esa comunidad me enriquece, me fortalece y me regocija. Después de todo somos una sola alma, un solo corazón en Dios y tenemos un solo pensamiento y un solo afecto: Cristo.


¿Ser cristiano de verdad supone nadar contracorriente? ¿Qué es lo que más te ha costado?


En un ambiente laboral y social laico, donde si bien mis convicciones no son atacadas, debo decirlo, me cuesta encontrar la fuerza para hacerlas valer con más plenitud; no mantenerme encerrada en el yo creo en Dios y tú piensa lo que quieras, sino demostrar que un cristiano vale para la convulsionada vida actual; que gracias a la fe somos lo que somos y que la Gracia me ha permitido navegar en aguas turbulentas y llegar a puerto seguro. Cuando veo a algún compañero desesperarse ante la pérdida de un ser querido no puedo sino contrastar el dolor fuerte pero esperanzador que yo viví cuando partieron los míos; pero sería importante gritar a los cuatro vientos esta diferencia y no sólo guardarlo en el terreno del consuelo personal.


¿Qué valores y contravalores ves en la sociedad mexicana, o en general? ¿Qué harías para mejorar nuestra sociedad?

La cómoda postura de yo ya voy de salida nos paraliza, no entramos con la debida fuerza a contraargumentar. Somos las más de las veces católicos light, desdibujados.Los tiempos no son fáciles, la incertidumbre y el desaliento prevalecen en un ambiente en que el trabajo honrado no paga a muchos para vivir dignamente. Las falsas salidas para el bienestar económico abundan y seducen a nuestros jóvenes, nuestros Millenials, sobre informados pero robotizados, acompañados pero solitarios. La institución familiiar se desvanece peligrosamente ante nuestros pasivos ojos que cada día aceptan con más resignación la unión consensual, las parejas DINK, los planteamientos de las Nomoms e incluso el actual debate sobre los matrimonios igualitarios. Nos indignamos mucho, pero actuamos poco. La cómoda postura de yo ya voy de salida nos paraliza, no entramos con la debida fuerza a contraargumentar. Somos las más de las veces católicos light, desdibujados.


¿Qué valores agustinianos pesan más en tu vida? ¿Cuáles de esos valores habría que potenciar?

Quien se adentra en la vida de san Agustín y recorre en las Confesiones su lucha interior, su búsqueda de la verdad, su camino accidentado y cuesta arriba no puede sino serntirse confortado. Si nuestro guía espiritual, el santo obispo de Hipona, es considerado el más humano de los santos, ¿cómo no seguirlo, vivir sus tropiezos pero glorificarnos con su proceso de conversión? ¿Qué mejor antídoto contra la desesperanza y la impotencia cuando la luz al final del tunel tarde demasiado en aparecer? Y el amor, tan parafraseado y mal entendido hoy en día. Caridad que nos debe conducir al servicio y a la solidaridad en un contexto tan individualista como en el que nos desenvolvemos día a día.


¿Qué santo agustiniano te habla de forma especial y por qué?

Desde luego santa Mónica, por lo lejos que me siento del modelo de madre que ella representa y porque diecisiete siglos después de su ejemplo vislumbro que no es distinto el hoyo negro que amenaza a nuestros hijos hoy del que Mónica buscó salvar a Agustín y que no hay más salida que la oración y el ejemplo, la oración constante, comprometida, en la que a mi me falta constancia.


¿Qué significa para ti la Iglesia? ¿Y el Papa actual?

La Iglesia una institución que demuestra por Quién fue fundada al haber sobrevivido a veinte siglos de ataques y cismas. En verdad construida sobre roca. Pero obligada, creo yo, a dar un tirón hacia las transformaciones que le permitan navegar en las aguas turbulentas del siglo XXI. El panorama socio político, familiar, educativo y económico cambia de manera vertiginosa y la Iglesia no puede ni debe quedar rezagada. Tengo plena confianza en que lo hará teniendo a quien tiene en el timón. El papa Francisco ha demostrado en su pensar y en su actuar que sabe hacia dónde tiene que conducir el barco bajo la guía del Espíritu Santo.


Una última palabra.

Mi camino desde el Padre y hacia el Padre no tiene nada de extaordinario. Agradezco el que lo hayamos rememorado juntos y, si en alguien mueve una mínima fibra de su ser, habrá válido la pena. Gracias.




¿Y tú que opinas?