
Comprobarás que somos muchos los que podemos identificarnos con él. Tú, que eres un profesional, o un intelectual, o un artista con futuro; o tú, que has quedado atrapado en las doctrinas viscosas de las ideologías, de las sectas, de los fanatismos; o aquél, que se ha dejado esclavizar por el sexo o los placeres; o aquel otro, que por encima de todo ama apasionadamente a sus amigos; o el de más allá, que, sencillamente, es buena persona pero se siente vacío. Todos somos Agustín. Él recopila muchas de nuestras aficiones o pasiones. En él se entrecruzan nuestras trayectorias vitales.
A lo largo de más de quince siglos, son muchos los que se han mirado en el espejo de Agustín. Los que han querido calcar su experiencia y reproducirla a escala en la propia vida. Son los agustinos, de los que él también habla aquí. Y los recoletos, que brotan de su mismo tallo, al empuje de su misma savia, con la misma aspiración hacia el sol que él tenía. Todos ellos forman el cauce por el que el caudal vital de Agustín llega poderoso hasta quienes vivimos a este lado del año 2000.
Calidad de vida contrastada: eso es lo que Agustín y los agustinos podemos ofrecer. Ser otros ‘agustines’, eso es lo que deseamos a todos los lectores.
Pórtico
Mi pueblo y mi gente
Me abro al mundo
Captado por una secta
Ambrosio
El camino de vuelta a casa
El nuevo Agustín
Como los primeros cristianos
Consumido por los trabajos
La historia de mi familia
Y comenzaron su andadura
Bajos de tono
Las "Congregaciones de la Observancia"
Santos, sabios… y sombras
Agustinos descalzos o recoletos
El XVII, un siglo de oro
El otoño del XVIII
Siglo XIX: invierno
Primavera imprevista en América
De nuevo, a velocidad de crucero
En todo lo alto del año 2000