Domingo XVI del tiempo ordinario: Aceptar e integrar
23-07-2017 Punto de vista
«En la lógica de Dios no entran la destrucción y la violencia sino la acogida y la oportunidad, pues como dice san Agustín: en el campo del Señor a veces lo que era trigo se hace cizaña y lo que era cizaña se convierte en trigo. Y después, nosotros con nuestras obras pasaremos al granero o seremos atados en gavillas como la cizaña».

Nuestro personaje era celoso del orden hasta llegar casi a la manía. Era metódico en sus ritmos de vida y desde hacía bastantes años llevaba haciendo lo mismo y a las mismas horas con una puntualidad inglesa. A diario dedicaba 6 minutos y 47 segundos a peinar su hermosa cabellera negra de la que estaba muy orgulloso. Un día descubrió que entre la espesura de su cuero cabelludo un cuerpo extraño rompía la monotonía. Un escalofrío recorrió sus entrañas al constatar que se trataba de un cana. Rápidamente intentó hacerla desaparecer con unas pinzas pero era imposible. La cana parecía tener vida propia y se mostraba escurridiza ante las embestidas de la pinzas. Probadas todas las formas y maneras posibles la cana seguía en su sitio y nuestro personaje no tuvo más remedio que darse por vencido. Debería aprender a convivir con la cana. Aunque no se lo creía demasiado pensaba: la gente dice que las canas son signo de madurez así que la cosa no debe estar tan mal y empezó a sentirse también orgulloso de ella pues al fin y al cabo pertenecía a su ilustre cabellera.

El evangelio de hoy no nos habla de canas ni de cabelleras pero nos habla de trigo y de cizaña. Los criados, impacientes, quieren arrancar la cizaña cuanto antes pero el amo prefiere esperar al momento de la siega. En esta impaciencia vemos reflejado el deseo de algunos de los seguidores de Jesús de instaurar rápidamente una comunidad de “puros” separada de quienes se manifestaban en contra. Este deseo choca con la infinita paciencia y misericordia de Dios, que no sólo es omnipotente sino “omnipaciente”.

En nuestra sociedad tan heterogénea en culturas, ideas, religiones, podemos tener la misma iniciativa de los criados; sentirnos “trigo” y tachar al resto de “cizaña”. El hombre ni sabe ni puede separar los campos. Tengamos paciencia, como Dios la tiene, y sepa­mos esperar. La primera lectura –son palabras del sabio– nos invita a ser humanos, misericordiosos, y no jueces. El juicio está en las manos de Dios, único capaz de separar sin herir a nadie. Él se comporta con paciencia, amor y misericordia dando siempre lugar al arrepentimiento. Hoy sobran los dictadorzuelos con medalla de justos que inventan dioses de cartón a la medida de su doctrina, de sus ideas o de su forma de entender la sociedad. En la lógica de Dios no entran la destrucción y la violencia sino la acogida y la oportunidad, pues como dice san Agustín: en el campo del Señor a veces lo que era trigo se hace cizaña y lo que era cizaña se convierte en trigo. Y después, nosotros con nuestras obras pasaremos al granero o seremos atados en gavillas como la cizaña.

Vemos que el lenguaje empleado por las parábolas es fácil de entender pero su fondo no llega a comprenderse hasta que no se vive en profundidad. Las parábolas nos cambian a menudo la idea que podemos tener de Dios, de entender la religión, la moral, el orden social… y en muchos casos puede resultar para nosotros, si queremos ser consecuentes, un auténtico giro de 180 grados que nos tiene llevar a gozar de la libertad verdadera de los hijos de Dios donde no existe la uniformidad sino la fidelidad. Nuestro tiempo es siempre de siembra la cosecha no nos toca a nosotros. Ojo con el exclusivismo y las “verdades absolutas”. Las canas son también parte de la melena.

Roberto Sayalero Sanz, agustino recoleto. Colegio San Agustín (Valladolid, España)




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