Escuchar la voz de Dios en medio del tumulto
06-06-2017 Punto de vista
En días en los que tantas voces altisonantes ensordecen los oídos del corazón, y el silencio se convierte más que en el lugar de encuentro con Dios en un estado de incomodidad, escuchar la voz de Dios que clama en el suave susurro del interior y nos llama a una relación personal, se hace cada día más difícil.
Escuchar la voz de Dios en medio del tumulto
Sagrada Biblia

Vivimos inmersos en tiempos donde es rara la palabra de Yahvé y no son corrientes las visiones (cf 1Sm 3, 1). Se escucha cada vez menos hablar de Dios, y quienes hablan corren el riesgo de ser etiquetados de retrógrados e inflexibles, lo que lleva a muchos cristianos a refugiarse en los lugares seguros de los templos o disolverse en las corrientes actuales para no levantar sospechas. Por lo que cada día son raras las visiones de cristianos entregados a su llamada de fraternidad y solidaridad que brota del encuentro con una persona, Cristo, y se convierten en una llamada de atención para muchos.

Sin embargo, no estaba aún apagada la lámpara de Dios (1 Sm 3), pues Dios sigue llamando a más personas que, aunque se encuentren acostados en el santuario de Dios, escuchan en su interior la voz que los llama a salir del estado de somnolencia y adentrarse en la búsqueda de respuestas que los ayuden a descubrir qué quiere Dios de cada uno de ellos. Es necesario auscultar el interior para reconocer su voz y responder a la llamada que nos hace.

En eso consiste el seguimiento de Jesús, en dejarse atraer y no encerrarse en los propios proyectos, sino en abrirse a otros horizontes más amplios que los ya conocidos, a la llamada del Otro, que con insistencia amorosa nos ofrece un itinerario de crecimiento; y de los otros que, desde muchas partes, reclaman la solidaridad y ayuda, para que ellos, al igual que tú, puedan percibir las notas que componen la sinfonía de humanización que el Otro nos invita a interpretar.

Una vez percibida esa voz que clama en el interior, se hace imprescindible luchar en contra y hacer frente a los “ídolos” que intentan seducirnos y alejarnos del punto central que es Cristo. No es una tarea fácil si se quiere hacer solo. El llamado al seguimiento de Cristo se hace desde y para la Iglesia y es en ella donde descubrimos nuestra pertenencia y vinculación a Dios. Afuera sabremos vivir en armonía con nosotros mismos, pero seremos incapaces de adentrarnos en lo más profundo de nuestra vida porque es allí donde el “hombre viejo” trata de imponerse al discípulo del Señor.

Para escuchar la llamada de Dios es inevitable poseer una vida configurada en la fe, esperanzada en la felicidad y desarrollada en la caridad. Así iremos tras las huellas del maestro y evitaremos ir en la vida explorando opciones que sólo ofrecen modas transitorias que crean la ilusión de plenitud.

Habla, Señor, que tu siervo escucha (1 Sm 3, 9): esa es la respuesta que te invitamos a dar a Dios. El reto mayor que hay que enfrentar cada día es la de encontrar el camino que nos lleve a la casa de Padre. Si la vida del cristiano no se orienta a Dios, por medio de Cristo e impulsado por el amor del Espíritu Santo, deja de tener sentido lo que se cree, se está perdido y de inmediato sobreviene la decepción que nos impulsa a movernos a buscar algo que llene el sinsentido que se ha experimentado.


Alberto Valecillos, agustino recoleto
Casa de formación San Agustín, Las Rozas (Madrid)




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