Domingo V de Pascua: Caminar a gatas
14-05-2017 Punto de vista
«Recorrer el camino de la vida en cristiano no es sinónimo de mediocridad, ni de estrecheces, ni de encajonamientos, ni de cumplimientos, ni de sensiblerías, ni de cultos rancios, ni de tristeza, ni de caras largas. No es algo monótono sino que el paisaje va cambiando, El camino marcado por Jesús es siempre nuevo, al igual que la vida de cada día».

Es una lástima que no recordemos nuestros primeros gateos ni nuestros primeros pasos. Solamente sabemos lo que sucedió, si éramos torpes o ágiles; si éramos intrépidos o prudentes; gracias a lo que nos cuentan. Cierto es que hoy en día no es difícil encontrar mil y un vídeos en los que el objetivo ha ido registrando los avances y tropiezos del “neocaminante”.

De igual modo, la vida del cristiano trata de ir escudriñando la realidad del Misterio, de Dios mismo, de asombro en asombro, gateando sin descanso alguno en la tarea de preguntarnos, hasta el momento del encuentro definitivo con Dios, cuando la fe y la esperanza se transformen en certeza y visión y entonces caminemos definitivamente erguidos porque podremos mirar a Dios cara a cara.

En el evangelio de hoy asistimos a la despedida de Jesús. Su adiós causa incertidumbre y tristeza entre los suyos pero Él se presenta como el mediador, el camino, la verdad y la vida. A través de Él es como se llega a la vida definitiva. Con lo cual se pone de manifiesto la verdadera intencionalidad de la misión de Jesús: humanizar a Dios, acercárnoslo a la altura de nuestra vida, de nuestras preocupaciones, de nuestras alegrías. Conocer a Jesús significa experimentarlo en nuestro interior, abandonarnos a Él, echarnos en sus brazos amorosos.

Creer es confiarse, no es comprenderlo todo racionalmente; es acoger, dar crédito, encontrarse con Él. De esta forma, la vida cristiana se convierte en un maravilloso viaje hacia Dios que es la Vida con mayúscula, a través de un montón de galerías, unas más agradables que otras, pero por todas hay que pasar.

Los discípulos se quedan solos y es ahora cuando les toca continuar adelante, tomar la iniciativa. Él ya ha marcado la ruta. A nosotros nos sucede lo mismo. Ahora es nuestro tiempo. Sabemos, como ellos, que Jesús es el Camino que conduce a la Vida.

El camino no es un libro de sugerencias, ni una guía de moral, ni una lista de prácticas ascéticas, ni una filosofía, ni un método, ni una técnica. El camino es esta vida, no es algo distinto de la vida de cada día, con sus sorpresas, sus contratiempos, sus alegrías, sus detalles… Sabemos que no podemos evitar los imprevistos. Este camino que nos proponemos recorrer no es ni ancho ni liso. El ritmo de cada paso lo marca el amor. Así llegamos al encuentro con Dios a través de los demás.

En cuanto a la verdad, digamos que frente a los que ponen todo el interés, dentro de la Iglesia en señalar “verdades” que nos distinguen y defienden reducidas muchas veces a formularios doctrinales, a pildoritas de catecismo trasnochado; el evangelio pone la verdad en servir a los demás desinteresadamente. Esta es la verdadera ortodoxia. El cumplir sin vivir es heterodoxia de caraduras que se creen perfectos. Nadie llega a la vida, sino por este camino de la vida entregada: Nadie va al Padre sino por mí acabamos de escuchar. Conocer a Jesús por sus obras: servicio a todos hasta dar su vida por amor, para que tengamos vida, nos lleva a conocer al Padre, hacerse y sentirse familiar y cercano con él.

Recorrer el camino de la vida en cristiano, no es sinónimo de mediocridad, ni de estrecheces, ni de encajonamientos, ni de cumplimientos, ni de sensibilerías, ni de cultos rancios, ni de tristeza, ni de caras largas. No es algo monótono sino que el paisaje va cambiando, El camino marcado por Jesús, es siempre nuevo, al igual que la vida de cada día.

Este es el quicio de nuestra vida cristiana, caminar guiados por la fe como el espeleólogo, de asombro en asombro. Una fe a la que no se debe sedar por miedo a no se qué. Una fe que haga que nos cuestionemos en un paso, y en otro podamos respondernos. Esa es la búsqueda del cristiano. Cada uno, desde nuestra propia experiencia, sabemos que en medio de los baches del camino vamos acompañados por Él que es la Verdad y la Vida. Lo único que no se permite es sentarse y abandonar. Hay que seguir gateando.

Roberto Sayalero Sanz, agustino recoleto. Colegio San Agustín (Valladolid, España)




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