SÁBADO SANTO: Día de silencio que deja oír el grito de la humanidad
15-04-2017 Hoy celebramos…
En medio de la oscuridad de la noche hay un corazón que espera silencioso, es el de María. Ella también vive la experiencia de la cruz, una espada le ha traspasado el corazón; ha recibido a su Hijo sin vida en su regazo de Madre.
Del seno de la tierra surge un grito de dolor y destrucción, es el eco del lamento de la humanidad que ha perdido su rumbo, que ha olvidado sus raíces del amor y de la ternura de su Creador.

Parece que sólo resuenan las campanas roncas de los tanques de guerra, del poder y la injusticia. Debajo de los escombros de la destrucción en Alepo, en Siria, y en tantos otros lugares, las madres buscan a sus hijos… Horas interminables de dolor. La tierra llora en medio de la hambruna en África. La desesperanza en Venezuela. Los inmigrantes enfrentados al peligro, en busca de nuevos horizontes, han dejado atrás a sus hijos, su terruño, y delante tienen un mañana incierto. Las familias resquebrajadas; los gobiernos, cegados por el poder, construyen muros; las brechas sociales son cada día más amplias. En cada rincón del mundo hay miseria, pobreza, abandono y lágrimas.

Jesús está muerto, lo han bajado de la cruz y lo han puesto en la tierra… La tierra enmudece y palidece ante el misterio que la envuelve. El orbe entero se estremece de dolor; hay un grito silencioso, abrumador, que traspasa los corazones de los sencillos, de los humildes.

En medio de la oscuridad de la noche hay un corazón que espera silencioso… Es el de María. Ella también vive la experiencia de la cruz, una espada le ha traspasado el corazón; ha recibido a su Hijo sin vida en su regazo de Madre; y de algún modo misterioso, divino, ha recibido también a esta humanidad que sufre. A María también la han crucificado. Escucho su último suspiro, un suspiro que se ha convertido en un silencio denso. Solo hablan sus gestos, sus manos, su mirada, su corazón de Madre que conoce de pérdidas, de dolor, de fe, de esperanza y de confianza. Su Hijo ha muerto. La mentira, el odio y el poder han apagado la voz de Jesús. Ese Hijo hoy también muere en los despreciados por la sociedad, en los abandonados en una prisión o en un hogar de ancianos o en un callejón donde los destruye la droga, el alcohol y la soledad; muere en los enfermos de un hospital sin el cariño y sin el abrazo de una mano amiga; muere en las adolescentes embarazadas que deciden abortar, en los que viven en el sin sentido, en la depresión y en la angustia, en los desterrados y perseguidos y en cada uno de nosotros que miramos indiferentes a los que cargan su pesada cruz.

María espera silenciosa… María abraza, como Madre del Señor, el dolor de la humanidad; nos enseña con sus gestos que, para abrazar la cruz, no tenemos otra senda que ocuparnos de los heridos y maltratados, que besar y ser besados por los que ahora están heridos como Él, como Jesús. María, Madre dolorosa, en esta hora, ¡enseñamos a esperar! Mira que escasea el pan de la fraternidad, nos falta el vino de la alegría, nos han robado el silencio… Sentimos sed de Dios, estamos heridos de angustia, tenemos rota la paz. María, contigo nuestra esperanza revive, contigo soñamos el nuevo amanecer del mundo, renovado por el amor salvador de tu Hijo.

María, tu corazón de Madre lo intuye, el sepulcro quedará vacío y el río de la vida, de ese lugar de muerte, manará con tal fuerza y abundancia que alcanzará todo el universo, todo el mundo con su miseria y dolor. Tú lo sabes, María, una luz iluminará las tinieblas, un bálsamo aliviará la tristeza: Es la misericordia de Dios, y tiene un rostro, se llama Jesús, es tu Hijo, María, es nuestro Hermano.

Tal vez muchos corazones seguirán en las tinieblas de la noche, sus rostros pálidos y angustiados, pero tú estarás ahí, como Madre de la Espera, de todos los que en esta vigilia silenciosa esperan la Pascua del Señor.

María Eugenia Gutiérrez,
Fraternidad Seglar Agustino Recoleta, SAN JOSÉ (Costa Rica)


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