VIERNES SANTO: Predicar un Cristo sin cruz
14-04-2017 Hoy celebramos…
El Viernes Santo es el día de la exaltación de la fe. Esta fe no es una actitud de resignación ante el sufrimiento, sino la esperanza en quien sabemos está a nuestro lado.

Parece contradictorio el título, pero la verdad es que así se pretende predicar a Jesús en muchas ocasiones. En tiempos pasados existía una actitud que resaltaba el sufrimiento como medio de identificación con Cristo, se predicaba lo mucho que sufrió Jesús en su pasión, se vivía un constante Viernes Santo, sin pasar por una resurrección.

En la actualidad, sin embargo, la cruz se ha convertido en un signo insignificante; no dice casi nada. Es más, hoy hay quienes se escandalizan por ella, pues ven un signo de muerte en un mundo donde se juega a la felicidad; donde la mayor empresa y la más productiva es la de aliviar los dolores humanos, reducirlos a tal punto que no causen ¿estupor? Por ello no es extraño observar que la cruz es un complemento más del vestir, una necedad. La tentación de los “cristianos” de hoy es esta: Como el mundo no digiere 
la cruz, suavicémosla.

Pero la vida es una realidad que se presenta en claroscuro. Existen momentos de gran valor que nos demuestran que el amor de Dios está en nosotros, y otros momentos de desolación que nos demuestran que Dios está con nosotros. Hoy, en la celebración litúrgica se nos presenta la imagen de un Jesús agónico, viviendo lo oscuro de la vida, pero con fe y abandono en los brazos de Dios Padre, haciendo ver que ahí está, aun cuando no lo “sienta”. El Viernes Santo es el día de la exaltación de la fe. Esta fe no es una actitud de resignación ante el sufrimiento, sino la esperanza en quien sabemos está a nuestro lado. Cristo es hoy ejemplo de esa fe en medio de todo sufrimiento humano.

Este es el mensaje que nos transmite el Viernes Santo. Un mensaje de amor, de esperanza; un mensaje al que se ha de asentir con fe. No obstante, hoy en día la Iglesia, comunidad de creyentes, vive su propio calvario, su vía crucis ante un mundo que se resguarda en el individualismo, la egolatría, las leyes del mercado etc., y se nos disfraza con las galas del progreso y el secularismo que arrastran a no pocos cristianos a dejar de lado su vinculación eclesial para adentrarse en el individualismo espiritista que nos aleja de la realidad y nos hace ser poco empáticos con los sufrimientos del prójimo.

Quienes vivimos como verdaderos seguidores de Cristo, debemos descalzar el alma ante tal símbolo que nos aleja de todas las utopías de este mundo y separa la fe de cualquier superstición. No se puede hablar de la cruz sino temblando, como quien pisa tierra de fuego. La cruz no facilita recetas de triunfo; al contrario, es el símbolo del sufrimiento, de la incertidumbre.

El mensaje de la cruz no se centra en el sufrimiento en cuanto tal, sino que transmite un mensaje de esperanza para aquellos que en este momento pasan por su propio calvario. A éstos les recuerda que toda Pascua pasa antes por el Viernes Santo. Y el Viernes Santo es solo eso, un paso, no un estado definitivo.


Alberto Valecillos
agustino recoleto
Casa de Formación San Agustín, LAS ROZAS (Madrid)


 




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