Domingo VII del tiempo ordinario: Hora de soltar lastre
19-02-2017 Punto de vista
«La travesía en globo por los pasillos del día no puede seleccionar la compañía y por eso hay que tirar lastre. El evangelio nos advierte de que llevarse bien con los amigos carece de mérito, que lo que tenemos que conseguir es llevarnos bien con los que no nos montaríamos jamás en globo. Esa es la verdadera prueba de fuego que mide el grado de altura que puede alcanzar nuestro globo y el lastre de nuestro corazón».

Viajar en globo tiene que ser una experiencia extraordinaria. Contemplar el paisaje, dejar que la vista se pierda en el horizonte mientras la brisa acaricia el rostro. Sentir a la vez libertad y fragilidad: a unos cuantos metros del suelo y a bordo de una cesta… Pero para que el globo despegue y mantenga el vuelo no puede llevar demasiado peso. Hay que soltar lastre.

La vida es algo parecido a un viaje en globo aunque eso sí, con los pies en la tierra, a pesar de que muchas veces deseemos volar y pasar por encima de los problemas. Sin embargo estamos obligados a exprimir cada minuto, a abrirnos paso por sendas a veces no demasiado llanas. La apacible brisa desde el globo se convierte, algunos días, en un huracán que nos arrastra y nos trastorna. Unido a esto está la dificultad de soltar lastre. ¿Cómo hacerlo? ¿De qué desprendernos cuando todo nos parece necesario? Es cierto que a cualquier liberación le sigue un soplo de alivio, pero muchas de ellas se convierten en auténticos partos no exentos de dolor y para los que no existen epidurales.

La perspectiva cambia cuando nos referimos a las personas con las que compartimos travesía. Qué gusto da tirar por la borda unas cuantas cosas de esas que estorban: las comeduras de coco, los chismorreos, los rencores, el miedo a los juicios de los presuntuosos o de los que se creen perfectos… Puestos a soltar lastre, fuera el orgullo, la soberbia, la desconfianza y el asqueroso egocentrismo que nos hace creernos la última Coca Cola de la fiesta incapaces de agradecer que otros nos sostengan.

La travesía en globo por los pasillos del día no puede seleccionar la compañía y por eso hay que tirar lastre. El evangelio nos advierte de que llevarse bien con los amigos carece de mérito, que lo que tenemos que conseguir es llevarnos bien con los que nos montaríamos jamás en globo. Esa es la verdadera prueba de fuego que mide el grado de altura que puede alcanzar nuestro globo y el lastre de nuestro corazón. Saber perdonar, saber entender, comprender, aceptar. Hay que atreverse a pedir perdón. Jamás debemos ahorrarnos ese paso si estamos convencidos que este mundo, desde nuestra parcelita, puede ser más justo y habitable. Sin soberbia ni dramas. Sin grandes propósitos.

La humildad, la sencillez de corazón son el verdadero helio que nos hace despegar con más fuerza cada vez que metemos la pata y nos reconciliamos con la confianza de que es posible levantarse y ponerse de nuevo en camino porque hay quien nos sostiene. Lo mismo sucede cuando las cosas no salen bien y hay que esforzarse por salir adelante sin pagarlo con quien menos culpa tiene.

Sigamos viviendo, sigamos viajando en globo mirando siempre el horizonte para marcar nuevas rutas, teniendo claro que es necesario llevar poco equipaje para que nuestra energía nos haga volar lo suficientemente alto sin que los problemas no nos enreden pero las manos de los otros nos alcancen. Feliz travesía.

Roberto Sayalero Sanz, agustino recoleto. Colegio San Agustín (Valladolid, España)





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