Domingo VI del tiempo ordinario: La llave de tu vida la tienes tú
12-02-2017 Punto de vista
«La dificultad de la vida cristiana madura está en llevar a la vida el evangelio de esta semana. Cierto es que podemos pensar que la mayoría de nosotros, como se suele decir, somos buenos, es decir, “no matamos, ni robamos”, por lo cual esto no va con nosotros; pero precisamente somos los destinatarios directos del mensaje. Jesús no se refiere a lo que no hacemos sino a lo que tenemos que hacer para que de verdad todo lo que hagamos salga de nuestro corazón y no solamente porque esté mandado».

«Siempre hay un camino y una forma de llegar hay tanto para dar. Mírate bien por dentro que todo en esta vida se nos puede dar. Es tan difícil ver lo que tan cerca está, tú eres la llave que las puertas abrirá» Este es un fragmento de una canción de Diego Torres llamada Siempre hay un camino que, creo, puede servir como ambientación a esta reflexión que quiero compartir a la luz de las lecturas de este sexto domingo del tiempo ordinario. Un camino, una forma de llegar y una meta a la que orientarse. Tres elementos que no pueden faltar si queremos hablar de una vida vivida en primera persona fuera de toda ligereza e infantilismo.


En el evangelio de este domingo una palabra centra nuestra atención: plenitud. Quizá la propuesta de Jesús pueda parecer petulante, ¿acaso la ley no tenía ya un sentido? ¿era imperfecta? ¿no conducía a la felicidad? Estas y otras preguntas pueden surgir pero aquí no se trata de ser mejor o peor sino de marcar muy bien el objetivo. Jesús dijo que no venía a abolir la ley, sino a darle plenitud, después de que muchos le acusaron de cierta o demasiada ligereza en su cumplimiento. Él no fue en contra de la ley sino que dió un paso más para descubrir su verdadero sentido que está a años luz del cumplimiento al pie de la letra. Jesús intenta hacernos ver que la ley no es más que un medio, un camino para llegar a la meta que nos es otra que el encuentro con Dios. La clave del seguimiento de Jesús no está en las normas sino en las metas que poco a poco nos vamos poniendo. La clave no está en que nuestro existir esté jalonado por un puñado de normas sino que esté orientada hacia la meta.

La dificultad de la vida cristiana madura está en llevar a la vida el evangelio de esta semana. Cierto es que podemos pensar que la mayoría de nosotros, como se suele decir, somos buenos, es decir, “no matamos, ni robamos” con lo cual esto no va con nosotros pero precisamente somos los destinatarios directos del mensaje. Jesús no se refiere a lo que no hacemos sino a lo que tenemos que hacer para que de verdad todo lo que hagamos salga de nuestro corazón y no solamente porque esté mandado. Llegaremos a tirar por la borda las normas cuando lleguemos a conocernos de verdad y nos convenzamos de que no nos piden nada más allá de lo que verdaderamente nos hace felices a nosotros y a los demás. Si se me permite el ejemplo, no haría falta que existiesen los radares o los alcoholímetros si todos los conductores tuviesen presente, más aún, hubiesen interiorizado que el exceso de velocidad o la elevada ingesta de alcohol son antagónicas con la buena circulación en la que se ha de velar no solo por la seguridad propia sino por la ajena. Con lo cual el acento en la norma es proporcional al grado de convencimiento.

Tú eres la llave que las puertas abrirá dice Diego Torres. No es algo externo sino interno, no es algo que se nos imponga sino que nos convenza totalmente. Vivir de cumplir carece de cualquier riesgo pero es algo hueco y con poco sentido. Plantearse una meta y hacer todo lo posible para llegar a ella sorteando los mil y un obstáculos que la vida nos presenta, no es sino avanzar en nuestro conocimiento y hacer, convencidos, la voluntad de Dios. Como siempre hay que elegir: o cumplir o vivir convencidos, es decir, o la vía fácil o la vía lenta y arriesgada.


Roberto Sayalero Sanz, agustino recoleto. Colegio San Agustín (Valladolid, España)




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