Oh Adonai
18-12-2016 En 30 segundos
Oh Adonai, Pastor de la casa de Israel, que te apareciste a Moisés en la zarza ardiente y en el Sinaí le diste tu ley, ¡ven a librarnos con el poder de tu brazo!

¿Quién no ha experimentado más de alguna vez en su vida la sensación de estar perdido? Cierto, muchas veces sabemos bien a dónde vamos, lo único es que no acabamos de dar con la ruta adecuada que nos conduce a nuestro destino. Pero es terrible tener la sensación de no saber hacia dónde encaminar los propios pasos. Es verdaderamente angustiante encontrarse dentro de un camino y quedarse paralizado porque, en el fondo, da lo mismo ir en una dirección que en otra. Cuando se muere el deseo de perseguir objetivos en la vida, de alcanzar metas y asumir nuevos desafíos, entonces la persona corre el peligro de no saber para qué vivir.

Oh Señor, a veces nos sentimos extraviados. Incluso hay veces que nos sabemos profundamente perdidos. Sin embargo, nos conforta y llena de esperanza la certeza de que Tú eres un buscador apasionado del ser humano. Como Pastor de la casa de Israel sales a las encrucijadas de los caminos para indicarnos un camino que lleva a la vida y a la alegría. Hazte presente, oh Adonai, donde la vida clama, ahí donde hay vacío porque ya se apagó el fuego del amor y se heló el corazón. Deseamos con ardor dejarnos encontrar por ti allí donde Tú quieres darte a conocer, sobre todo en tu palabra, que es zarza ardiendo de tu presencia. Haz que no temamos acoger tu ley, pues a través de ella nos muestra la vía de la verdadera libertad. Tú que todo lo puedes, aquí nos tienes ante ti; cambia nuestro corazón de piedra por un corazón de carne para que podamos avanzar por el camino del bien.


Fabián Martín, agustino recoleto
Monteagudo (Navarra, España)




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