Oh Rey de las naciones
22-12-2016 En 30 segundos
Oh Rey de las naciones y deseado de los pueblos, piedra angular de la Iglesia, que haces de dos pueblos uno solo, ¡ven y salva al hombre que formaste del barro de la tierra!

El Dios de la misericordia, que hizo todas las cosas por amor, siempre se ha interesado de la historia de la humanidad y del camino que recorre cada ser humano. Dios es Padre, un peregrino que camina junto a nosotros, a nuestro lado. Busca nuestras huellas cuando nos desviamos para hacernos volver al camino de la vida. Eso sí, respeta siempre nuestro paso torpe y lento; no nos impone su ritmo, no presiona... Yahvé nos rescata, nos libera cuando nos hacemos cautivos y nos levanta cuando caemos. Le importa nuestra vida. Nuestro Rey es un pastor. Su prioridad como Rey es velar por nosotros. Es un Rey de reyes y Señor de señores que se abaja y viene a nuestro encuentro. Se detiene ante nuestra situación de pesar y de sufrimiento, y comparte su tiempo con nosotros. Venda nuestras heridas ocasionadas por el desamor y el fracaso. Ya es tiempo de abrirle el corazón y dejarnos transformar por su amor.

Oh Rey de las naciones y deseado de los pueblos, ven pronto a nuestro encuentro, no tardes más. La familia humana necesita apoyarse en el suelo de tu misericordia, en la firmeza de la caridad, en el quicio de la confianza. Tú eres la piedra angular que da solidez a la cultura del encuentro, del diálogo siempre posible y del entendimiento necesario para construir la unidad. La paz está siendo terriblemente amenazada. Señor, tú que sales al encuentro de todos los pueblos, permite que todos los pueblos puedan encontrarse entre sí ante Ti. Somos barro en tus manos, Señor. Por eso te suplicamos que des forma en nuestro interior al respeto de la dignidad de los otros, a la solidaridad que nace de la compasión y al deseo de compartir con todos, especialmente con los más pobres.


Fabián Martín, agustino recoleto
Monteagudo (Navarra, España)




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