PASCUA DE RESURRECCIÓN: El estallido de la Vida
27-03-2016 Hoy celebramos…
Francisco Javier Legarra Lopetegui, agustino recoleto, canta la Resurrección de Cristo como el big bang de un mundo nuevo en que la esperanza y la vida conquistan los espacios, el tiempo y el ser de la entera humanidad, por lo que no cabe ya sino clamar ¡Aleluya!.

Resurrección

¡Big Bang del mundo nuevo!
Estalló la vida venciendo a la muerte.
Y el cosmos todo sus órbitas trazó en ritmos de júbilo.
Y altivas trompetas de gloria y aleluyas
que traspasan de luz recónditas constelaciones
se elevan triunfantes conquistando el cielo.

Esta es la mañana de fuego nuevo
cuando el mundo, nuevo renuevo, vuelve a comenzar,
cuando se estrena, recién recreado, el universo
y se expande una energía infinita de gracia y victoria
con brillos incandescentes de nunca visto Big Bang.

¡Gloriosa mañana de luz y fuego
que trasciende de un Cuerpo herido
con cinco soles de gloria transfigurada,
gloriosa mañana de luz y fuego
que estalla de gloria y paz el universo,
gloriosa mañana de luz y gloria
que brota de un Cuerpo resucitado,
nube incandescente que guía al Pueblo redimido!

Y se esponjó, inmenso, aún más, el corazón del Padre,
y ensanchó y ensanchó su amor y su ternura
viendo en su Hijo nuestro mundo débil y desvalido,
ahora traspasado de energía y fortaleza.
¡Y pudo el Espíritu estallar, por fin, en vendaval
de gracia, y encendió el fuego sacramental de sus dones
que purifica, transforma y vivifica!

¡Tantas horas –tantos noches, tantos siglos–, Señor,
esperando este estallido!
Quizá, Señor, los que te amamos,
vinimos una y otra vez con nuestra mirra de desencanto, oscura y sin futuro,
con nuestro nardo de duda y desconcierto
a ungir tu amado cuerpo para siempre muerto;
quizá, Señor, soñamos encontrar de nuevo
en tu mirada, ay, de luz un destello,
evocamos sueños de futuro
deseando encontrar tu mirada inundada de mundos nuevos;
pero nos oprimía la terrible roca rodada
a la boca de la acongojante morada donde dormías silente,
¡muerto!

¡Hasta que explotó tu inconmensurable estallido
de luz, de gracia, de alegría
rompiendo coordenadas de lugar y tiempo!

Oh nunca vistos levantes de la aurora,
soles y soles de infinita claridad.
Trompetas altivas de gloria
clarinean victoriosas
y un Cuerpo triunfante y herido de amores y nostalgias,
inundando el cosmos y venciendo los siglos,
hambrea amores humanos
de sus amigos.
Oh muerte siempre vencedora y orgullosa,
hoy muda de pasmo y humillada,
¿dónde perdiste tu invencible aguijón?

Cuerpo glorioso, pecho abierto
donde meteremos el puño
-mucho más que el vencido Tomás-
hasta el hondón del misterio de Dios
y entenderemos el centro del enigma de Dios,
su mismísimo Corazón.

Alzad, alzad vuestros cuerpos marchitos,
vuestros sueños hundidos;
alzad las frentes y mirad cara a cara
al nuevo sol que vuestras desdichas redime.
Aleluya, surrexit Dóminus,
Cambiad vuestras rosas marchitas
por la eterna y divina esperanza.


Francisco Javier Legarra Lopetegui, agustino recoleto
Casa de formación San Agustín, Las Rozas (Madrid).


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