Versos y flores (poema a San Ezequiel Moreno)
19-08-2015 Hoy celebramos…
En el 50 aniversario de la muerte de san Ezequiel Moreno, el año 1956, el agustino recoleto Ángel Sáenz (Azofra, La Rioja, España, 1900 – † Caracas, Venezuela, 1964), publicó este poema en honor del santo obispo misionero agustino recoleto, especial protector de los enfermos de cáncer.
Cincuenta veces ya, y año tras año,
con esta fecha te visita el tiempo:
y acuden nuestras almas a rezarte
como a un santo del cielo.

No duermes, como el héroe de la historia,
entre arrullos de huesos,
duermes con esta luz cincuentenaria,
como viven los santos verdaderos.
Que eso lo fuiste tú, varón de Cristo,
insigne recoleto:
un santo con la aureola escondida,
santo de cuerpo entero
que· te dormías en la tierra, un día,
despertando en los cielos!

Tu sepulcro glorioso fue mi cuna
de poeta y trovero;
a su sombra yo articulé, de joven,
los vagidos primeros
de mi musa que, desde aquellos días,
aún no ha cesado de decir sus versos.

¿Cómo pasar por alto esta gloriosa
fecha cincuentenaria? ¡No, no puedo.
Yo te llevo aprendido de memoria,
como se aprende la oración de un rezo,
sin que haya un día en que, al cerrar mis ojos,
de noche no te rece un Padrenuestro.

Por de fuera pareces serio, adusto,
pero eres todo suavidad por dentro;
que es la característica del santo,
del santo verdadero:
como la nuez que amarga en la corteza
y es toda aceite si la estruja el dedo.

España, Filipinas y Colombia
son el triángulo inmenso
de la expansión ilímite de tu alma
de religioso, Obispo y misionero.
A ti te devoraron unas ansias,
unas ansias de fe, de amor, de fuego.
Querías-muchas almas, muchas almas,
querías muchos pueblos, muchos pueblos;
querías que, en lugar de geografía,
se le diesen a Cristo muchos reinos,
con virtudes altísimas por tronos,
con corazones sólo por trofeos;
una sola ambición te dominaba;
¡llevar de polo a polo el Evangelio!

Mártir por el amor a Jesucristo,
tu distintivo fue también sangriento,
el cáncer que hoy pasea sus dominios
aterradores por el mundo nuestro,
horadó con mordiscos repetidos
tu endeble paladar -¡ojiva al cielo!-
y logró echar a tierra aquella tierra
de tu estropeado cuerpo,
donde la ·disciplina y el cilicio
a diario realizaban sus estrenos.

Pero la enfermedad murió en tu muerte;
y, sin duda por eso,
apenas inhumaron tu cadáver,
Dios incorrupto quiso concedérnoslo.
iLo que nunca prestó servicio al mundo,
nunca tampoco pudo ser su siervo!

Siervo de Dios que reinas en la gloria,
FRAY EZEQUIEL MORENO,
nuestras almas te invocan en la tierra,
escucha sus plegarias tú en el cielo.

La mía te la dejo colocada,
lo mismo que una flor, en estos versos.

Fray Ángel Sáenz, agustino recoleto


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