Los pensamientos de José
19-03-2015 Hoy celebramos…
Oración en honor de san José compuesta por Fabián Martín, que imagina que brota del corazón reflexivo de José en el silencio de una noche cuajada de estrellas, mientras Jesús y María duermen confiadamente.

Es tarde…
El niño ya se quedó dormido y María se marchó también a descansar. Jesús duerme sereno y tranquilo, como si nada en la vida le preocupara; su madre le ha enseñado muy bien a confiar en los demás, a confiar en Dios. ¡Cuántas sorpresas ha traído este pequeño a nuestro pobre hogar! ¡Lo llena todo de alegría! Y María, ¡mi querida María! ¡Qué afortunado soy! Un hombre verdaderamente dichoso.

Trato de ser un buen padre para Jesús, aunque a veces me surge la duda de si lo estoy haciendo bien. Cuando María percibe mi zozobra, me mira con esa mirada, tan llena de ternura, que me devuelve la confianza en mí mismo y en la misión que Dios me encomendó; con esa mirada suya me dice todo: “eres un buen padre para nuestro hijo”. No he hecho nada para merecer su amor y me siento tan querido por ella que únicamente puedo decir gracias por los mil detalles de cada día.

Después de esta dura jornada agradezco a Dios que pueda trabajar con mis manos para llevar el pan a la mesa. Mañana tengo tarea extra, pues un vecino me ha pedido que le reparare los dinteles de la puerta de su casa porque ya están muy deteriorados. Me insinuó que no tenía con qué pagarme, pero le dije que no se preocupara. Y en el taller me aguardan los últimos detalles del marco de madera para la ventana de la nueva casa que están construyendo en el pueblo. En cuanto salga el sol me ocuparé en ello.

Ahora, contemplando las estrellas en esta noche tan luminosa, me asombro de tanta belleza. ¡Qué grande e inmenso es el cielo! Es tan grande y tan inmenso como lo que experimento aquí en mi corazón por María y por el niño. ¡Ah, ese niño! Lo siento tan mío, pero a la vez me pregunto si debo permitirme quererlo tanto. Cuando me abraza, en su abrazo y en su mirada me dice tanto, que no necesitamos apenas palabras; estoy seguro que él sabe cuánto me importa.

Dios de nuestro padres, Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, que siempre cumples tus promesas, a ti dirijo mi oración. Tú has puesto en mi vida a María y a este niño, tan tuyos y tan míos, para cuidar de ellos. Pero eres Tú el que cuida de todos, el que cuida de los tres. Perdona mis resistencias para llegar a querer y aceptar lo que Tú quieres de mí. Ahora que sé que nuestras vidas están en tus manos y que haces con nosotros, como me dice María, grandes cosas, aquí me tienes, para lo que Tú quieras.

Gracias porque has ensanchado mi corazón para amar a María y al niño como nunca hubiera imaginado; ellos dan sentido a mi vida, poder vivir para ellos es lo mejor que me ha pasado. Ayúdame a no interferir en tus planes, sino a colaborar en tu proyecto de salvación. Acompaña con tu providencia al pueblo que te has elegido como heredad. Y vela sobre nuestro descanso. Te pido, como lo hago todas las noches, que bendigas y protejas a María y al niño, pues ellos son los tesoros de mi corazón. Amén.




¿Y tú que opinas?