Magdalena de Nagasaki, patrona de la FSAR y evangelizadora en su tierra
20-10-2014 Hoy celebramos…
“¡Cuánto cielo se derrama / por tu sonrisa de niña; / cuánto amor y cuántos sueños / de primavera encendida / vuelan libres por un monte / de mártires alegrías”. Así canta la familia agustino-recoleta a santa Magdalena de Nagasaki, mártir seglar a la que la Fraternidad seglar agustino-recoleta (FSAR) invoca como a su patrona y modelo de evangelizadora.
Magdalena de Nagasaki, patrona de la FSAR y evangelizadora en su tierra
Santa Magdalena de Nagasaki, de Rafael Nieto, agustino recoleto

Es necesario encuadrar mínimamente en la historia a esta heroica doncella para poder ponderar su grandeza humana y de fe. Magdalena nace en Nagasaki, Japón en 1610 ó 1612 y es educada en la fe cristiana de sus padres. Nada más nacer Magdalena, en 1614, el emperador expulsa a todos los misioneros religiosos y sacerdotes del Japón, y el precio de ser cristiano a partir de ese momento se paga directamente con la muerte. Se calcula que en 10 años (1614-1624) fueron martirizados en Japón más de 30.000 cristianos, entre ellos, los padres y hermanos de Magdalena, que se quedó sola en el mundo.

Impresiona saber y es al mismo tiempo difícil de entender desde los criterios y valores de este nuestro mundo acomodado, narcisista, instalado, que busca siempre el camino de lo fácil y placentero, entender que en aquella época en las Órdenes religiosas, los frailes se disputaban el ser enviados al Japón, que era sinónimo de martirio seguro. El mandato de Cristo de “id y anunciad el evangelio” les urgía, como a san Pablo; el amor de Dios les inflamaba el corazón de tal manera que ellos querían entrar en la tierra del sol naciente a pesar de que exponían su vida en la evangelización de aquellas gentes. Evangelizar en Japón era muerte segura y eran muertes muy crueles. De hecho los cuatro frailes recoletos que murieron en Japón y que son beatos, fueron quemados vivos.

La Providencia divina quiso que Magdalena se tropezara en su camino con dos de estos frailes recoletos: Francisco de Jesús y Vicente de San Antonio. Dicen los biógrafos que Magdalena se siente atraída por la profunda espiritualidad de ambos misioneros y por ello abrazará el carisma recoleto profesando en la Orden Tercera de los Agustinos Recoletos.

El resto de la historia nos la podemos imaginar: el cristianismo está prohibido y por tanto los que no renuncian a su fe viven huyendo y escondidos en los montes de Nagasaki. Por allí andan los frailes agustinos recoletos, seguramente con muy poco o ningún dominio del japonés, y Magdalena, en la labor evangelizadora de estos frailes, fue su boca, sus ojos, sus pies y sus manos. Hoy se habla de la misión compartida con los laicos; en 1620 esta colaboración entre laicos y religiosos era un hecho y los frutos de santidad que produjo nadie los pone en duda.

En 1632 cuando los frailes recoletos sufren el martirio y son quemados vivos, Magdalena nuevamente se queda huérfana, esta vez de sus padres espirituales.

A santa Magdalena siempre se la representa con una bolsa colgada del brazo. ¿Qué lleva ésta mujer en la bolsa? Magdalena lleva la Biblia y otros libros para instruir y fortalecer la fe de los cristianos perseguidos. Magdalena era una catequista en el sentido más profundo de la palabra, es decir, predicaba, bautizaba, aconsejaba y daba consuelo espiritual a los que más necesitaban.

Y creo que es aquí, en el contexto de la denominada “Nueva Evangelización”, donde esta santa japonesa tiene mucho que enseñarnos, pues tengo la impresión de que durante mucho tiempo se ha confundido evangelizar con catequizar.

Catequizar es enseñar el catecismo, es decir, los principios fundamentales de nuestra fe, la doctrina de la Iglesia, y esto lo puede hacer y de hecho desgraciadamente lo hace mucha gente que no está evangelizada, porque sólo se necesita un poco de conocimiento y de cultura religiosa general. Durante muchos años creo que hemos tenido una sociedad catequizada, es decir que tenía unas nociones de Dios y de la doctrina de la Iglesia, de su moral, de los mandamientos y de los sacramentos, como se pueden tener ciertos conocimientos de geografía, matemáticas o de informática. Para la mayoría de nuestra sociedad la catequesis no pasaba de un poco de cultura general sobre temas religiosos.

¿Resultado de este tipo de cristiano catequizado pero no evangelizado? Cristianos pasivos y no comprometidos; cristianos acomodados que a la primera dificultad abandonan la Iglesia; cristianos que están al vaivén de las modas, tendencias e ideologías de la sociedad; cristianos que hacen del evangelio un programa a gusto del consumidor, es decir: “En esto estoy de acuerdo y lo hago, en esto no estoy de acuerdo y paso olímpicamente”, diga lo que diga la Iglesia, cayendo en un relativismo moralel evangelio a la carta–; en definitiva, son cristianos más por tradición que por convicción. Pueden saber mucho y estar muy bien informados y tener título de doctor en teología, pero falta la experiencia del amor de Dios que es la que nos lleva incluso a dar la vida, si hiciera falta, por el Reino de Dios.

¿Quién está dispuesto a morir por una idea, por una filosofía, por una doctrina? Desde luego que los santos y mártires de la Iglesia católica -entre ellos santa Magdalena de Nagasaki-, entregaron su vida por una persona, que es Cristo Jesús, y no por una idea. El estar catequizado no me liberta del pecado, porque el saber las cosas de memoria o porque me lo han dicho no te cambia la vida.

¿Qué significa estar evangelizado? Yo lo diría en dos palabras y sin muchas teologías y sin apelar al kerigma y esas cosas de las que habría que hablar en un punto como éste: Estar evangelizado es estar enamorado de Cristo. Es decir Cristo no es una serie de conocimientos en mi vida, sino una persona viva con la que me relaciono, es una persona viva que puedo sentir cercana y que siempre me acompaña; es una persona viva que camina a mi lado y siento su mano amiga; su aliento cuando me canso, su fuerza en mi debilidad; Cristo es alguien que nunca falla y que es fiel y me ama independientemente de mi infidelidad y desafecto. Estar evangelizado es respuesta a la locura de un Dios-Amor que murió en la cruz por mí para salvarme.

Los catequizados pueden ser excelentes profesores pero pésimos amantes. Los evangelizados pueden ser analfabetos, pero el amor, aunque no sepan hablar, les sale por todos los poros: en el brillo de sus ojos, en la generosidad de vida, en la disponibilidad para con los más necesitados, en la alegría contagiosa, en el entusiasmo, en la capacidad de saber aceptar siempre con paz lo que la vida nos va deparando. Estar evangelizado es estar convertido al amor de Dios, es haber renunciado al pecado y hacer de la voluntad del Señor “mi” forma de vida.

Y aquí pregunto: ¿Estamos evangelizados o apenas catequizados? El catequizado da lecciones, el evangelizado da a Dios. El catequizado es una persona instruida, el evangelizado es una persona enamorada.

Yo creo, que la crisis de vocaciones que sufren en general todas las Congregaciones religiosas y también la Fraternidad seglar agustino-recoleta es por esto, porque se cree que con que las personas sepan cosas acerca de Dios es suficiente. Y las personas están cansadas de palabras y decepcionadas de haber experimentado todo tipo de falsos amores en su vida y de continuar cada vez más vacías. La gente, como san Agustín, suspiran por el AMOR verdadero, por aquel  que traspasó su corazón: “Me traspasaste el corazón y yo te amé”. “¡Belleza tan antigua y tan nueva, qué tarde te conocí!”.

En la vida de santa Magdalena, yo veo esto que os estoy contando de forma muy clara: Magdalena se siente atraída profundamente por la espiritualidad de los recoletos en Japón, y fue eso lo que impulsó a nuestra santa a consagrarse a Dios como terciaria agustino-recoleta. Eso es evangelizar: dar testimonio, proclamar con la vida que estás enamorado de Jesús y que no te importa sufrir por El. Se puede evangelizar sin hablar, ellos lo hicieron y san Agustín ya decía: “Si acallan tu voz que tu vida sea un grito”.

Continúan diciendo los biógrafos que Magdalena enseñaba el catecismo, pedía limosna para los pobres, infundía ánimo para permanecer firme en la fe, visitaba a los enfermos, bautizaba a los recién nacidos y a todos alentaba con su palabra. Pero cuando vio que esto no era suficiente, en vista de las frecuentes apostasías de los cristianos atemorizados por las torturas a que eran sometidos, y deseosa de unirse para siempre a Cristo, Magdalena decide desafiar a los tiranos y se entrega, vestida con su hábito de terciaria.

En el evangelio Jesús no nos dice: el que quiera seguirme que vaya a una escuela de rabinos a aprenderse bien la ley o a una academia de retórica para aprender a vender palabras como decía Agustín, después de haber discurseado delante del emperador, sino “El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí causa la salvará”.

Si no estamos evangelizados podremos ser maestros, doctores y hasta predicadores pero nada más; cuando estamos evangelizados, cuando siento que Jesús es Señor y dueño de mi vida y que le pertenezco por completo entonces me he convertido en testigo, en testigo de un amor mayor que no consigo guardar para mí solo: como la Magdalena del evangelio en medio de la noche, como los cobardes apóstoles, como tantos santos que se han dejado seducir y atrapar por Dios, como Magdalena de Nagasaki, como tantos de vosotros que estáis “pillaos”, enganchaos”, “ enamoraos” de Jesús y no podéis menos de transmitir con vuestra vida lo que habéis visto y oído, y, principalmente, lo que Dios va haciendo en vuestro corazón y en vuestras vidas.


Miguel Ángel Hernández, agustino recoleto
Monteagudo (Navarra, España)




¿Y tú que opinas?